jueves, 16 de febrero de 2017

Un día con los ultras del Nápoles

Decenas de aficionados napolitanos daban sonido y color a las calles del centro de Madrid hasta que, a falta de quince minutos para llegar a las cuatro de la tarde, un grupo de quince ultras irrumpe en la Puerta del Sol por la Calle Montera. No se paran y otros cinco aficionados radicales más se unen a ellos y callejean hasta llegar a la Plaza de Santa Ana.El primer grupo de ultras espera a la segunda facción
Una vez allí, el grupo espera pacientemente. No llevan ningún tipo de símbolo, camiseta, bandera o bufanda que los asocie al Nápoles. Tampoco cantan, ni dan palmas. Sólo esperan por algo o alguien, pero lo hacen juntos. Siempre juntos. El grupo nunca se rompe.Casi media hora después otro grupo ultra entra en la Plaza Santa Ana y se coloca en el otro extremo. También silenciosos, también sin nada que los identifique con el equipo al que vienen a animar.
El segundo grupo ultra espera en la otra esquina de la Plaza Santa Ana de MadridTras diez minutos de espera, el que aparentemente ejerce de líder en el primer grupo se acerca al segundo clan y saluda a uno de ellos dándole la mano y dos besos. Es entonces cuando ambos grupos se juntan, se saludan cariñosamente y ponen rumbo a la Puerta del Sol.Momento en el que ambos grupos se juntan en la Plaza Santa Ana
Son las 16:45h cuando el grupo ultra, que ya alcanza las cuarenta personas, irrumpe en Puerta del Sol. Ahí los espera un tercer conjunto que ya había sido cacheado por la policía minutos antes. A penas dos minutos después de encontrarse entran disciplinadamente en la estación de metro Sol. Lo hacen ordenadamente, sin hacer ruido, sin cánticos, sin gestos de violencia, respetando a los ciudadanos y en grupo. El grupo sigue sin romperse. Se mueven en bloque y nadie debe quedar descolgado.Los miembros del grupo Ultra sacan billetes de metro para todos
Una vez dentro de la estación pasan unos quince minutos hasta que acaban de sacar billetes de metro para todo el grupo. Todos esperan pacientemente y cruzan los tornos uno a uno. Ni pueden ni quieren llamar la atención. Se dirigen a la línea de metro dos (la roja) y ocupan casi tres vagones completos.El trayecto es tranquilo y sorprendentemente corto. Se bajan en Banco de España, a dos paradas de Sol. La distancia a pie entre ambas estaciones no llega al kilómetro, pero ellos prefieren el transporte público. Una vez en Banco de España (es una estación situada en la plaza Cibeles) se dirigen andando a un bar que está a unos 350 metros de la parada. Se trata de la cervecería irlandesa The James Joyce, en plena Calle Alcalá.
El grupo espera la llegada de más miembros bebiendo algo en un pub irlandésEl grupo llega a la cervecería A las 17:10h. Ocupan el interior y el exterior de la misma dificultando el paso de los transeúntes, pero sin ocasionar problemas. A la cervecería van llegando otros grupos de aficionados más pequeños que también visten con ropa oscura y a las 17:50h comienzan su camino andando hacia el Santiago Bernabéu.Suben hasta la puerta de Alcalá, giran a la izquierda por la Calle Serrano y desde ahí seguirán todo recto hasta llegar a la plaza de República Argentina. 
El grupo de ultras asciende a más de cien personas. Da miedo verlos. Van todos juntos, al mismo paso, como una serpiente negra que va reptando por las calles en silencio. Son muy organizados, paran en los semáforos en rojo, cruzan juntos y sólo frenan cuando alguien del grupo silva para avisar de que un compañero se ha quedado atrás
La policía intercepta a los ultras, los agrupa y los prepara para su traslado hasta el Santiago Bernabéu.
Después de 45 minutos de caminata los napolitanos dejan de estar solos. Son las 18:30h cuando a la altura del número 107 de la Calle Serrano los espera un grupo de la UIP para cachearlos y escoltarlos hasta el Santiago Bernabéu. En ese punto esperan 20 minutos sin alterarse mientras los antidisturbios organizan su traslado hacia Concha Espina.La policía traslada al grupo ultra hasta el estadio sin incidentes.A las 18:50h la policía inicia la marcha y escolta al grupo hacia el Santiago Bernabéu. Es entonces cuando por primera vez en todo el día comienzan los cánticos a favor del Nápoles y en contra de la Juventus, uno de sus grandes rivales. Ni una referencia al Real Madrid. Caminan con paso firme y sólo sube la intensidad de los cánticos y las palmas cuando encaran el Paseo de la Castellana desde Nuevos Ministerios.
Los ultras encaran el Paseo de la Castellana hasta llegar al Santiago BernabéuEntonces llegan al estadio y sólo ahí aumentan un poco los nervios. Tardan unos minutos en entrar y se quejan de lo que para ellos son cacheos excesivos, pero todo transcurre sin incidentes graves hasta que acaban ocupando sus butacas en el sector destinado para ellos en el Santiago Bernabéu. Ahí, el protagonista ya era el balón.
La afición del Nápoles tomó las calles de Madrid –unos 10.000 seguidores napolitanos, de los que solo 4000 tenían entrada, viajaron hasta la capital de España–, en las horas previas al partido de ida de octavos de final que ambos equipos disputaron en el Santiago Bernabéu y que terminó con triunfo del conjunto merengue (3-1).
De los 10.000 aficionados del Nápoles llegados a Madrid, se estima que aproximadamente una tercera parte pertenecen a alguno de los múltiples grupos ultra del equipo que entrena Mauricio Sarri. Y es que una de las características de los tifosi napolitanos es su tremenda diversidad. Separados en su estadio de San Paolo en dos Curvas –A y B–, entre ambas hay mentalidades ultras opuestas; la A es partidaria del uso de la violencia como recurso, la B es pacífica.
La Curva A del Estadio San Paolo está ocupada por varios grupos ultras napoletani, que actualmente son los más peligrosos. En la parte superior se sitúan los Vecchi Lions, un grupo de aproximadamente 250 miembros. En el centro de la Curva se sitúan los Teste Matte, nacidos en 1987, compuesto por 300 ultras procedentes la mayoría del barrio de Quartieri Spagnoli, uno de los más conflictivos de Nápoles.
La izquierda de la Curva A es el hogar de los Mastiffs, la facción más amplia –800 miembros– y conflictiva: siempre buscan la confrontación. El líder de los Mastines es Gennaro di Tommaso, más conocido como Genny a'Carogna –el carroña–, hijo de un camorrista del clan Misso y cabecilla de los principales altercados de los ultras napolitanos en los últimos años. Bajo su batuta, los Mastiffs –representan las nuevas generaciones– acumulan un currículo lleno de sangre.
Otros grupos de acción de la Curva A son La Masseria ("La Granja") compuesto por cerca de 80 personas, Vecchi Lions, Sud, Bronx, Brigata Carolina, Rione Sanità, Fossato Flegreo, Nuova Guardia...
En la Curva B destacan Ultras Napoli, formado en su mayoría por aquellos que no comparten la ideología filosocietaria (son partidarios de no tener ninguna relación con el club). Aparte de éstos, existen otros pequeños grupos, entre ellos destacan los Tifosi del Nostro Ideale (ex Masseria Cardone) y los Area Nord, que se mudaron de la Curva A a la B.

En definitiva, infinidad de facciones, ninguna igual al resto, con su correspondiente líder –en el Bernabéu me sorprendió la cantidad de corrillos formados por ultras que atendían boquiabiertos las órdenes de su boss– y distinta identidad.
Complicada labor policial
Muchas de estas facciones se dejaron ver por Madrid este miércoles. Desde primera hora de la mañana, en el aeropuerto de Barajas, los ultras napoletani se hicieron notar.
La Latina, Ponzano, en el centro –Sol, Gran Vía, Tribunal, Plaza Mayor– y, a medida que se acercaba el partido, Avenida de Brasil –punto de encuentro antes de partir hacia el Bernabéu– Demasiados núcleos a cubrir. Tantas facciones de ultras hacían que el control fuera muy complicado. A goteo, los ultras aparecían por todas partes.
Sobre las 17:30 de la tarde, la calle Mayor fue testigo de uno de los puntos de unión más intensos del día. Varios Tifosi se cruzaron. Se pusieron a cantar. La cosa se animó... tanto que un hincha napolitano paró un coche en marcha, se subió encima y se puso a saltar en el techo, cortando el tráfico durante unos minutos. La llegada de varios miembros de la Policía Nacional hizo que se retomara la normalidad.
La llegada al Santiago Bernabéu de los ultras fue un caos absoluto. Aparecía una facción, luego otra y otra... muchos sin entrada. Nervios, cargas policiales... ahí se vivieron los momentos de máxima tensión.
En cuanto a mi experiencia tras un día rodeado de ultras napolitanos, he de destacar que la tranquilidad fue la nota predominante. Exceptuando el momento de entrada al estadio, los problemas brillaron por su ausencia. Aún así, hubo un grupo de ultras que me hizo tragar saliva. Vestían completamente de negro, no tenían ninguna seña representativa del Nápoles, pero su cara tenía escrita la palabra "ULTRA" en mayúsculas.

Mientras intentaba hacer unas fotografías, crucé la mirada con varios. Sus ojos se centraron en los míos. Cortésmente con un gesto me avisaron de que ni una más. Unos segundos angustiosos que se hicieron eternos. Puede que esta facción de ultras napolitanos no sean los ultras más altos, ni los más fuertes, tampoco los más escandalosos, pero no fui capaz de sacar otra foto. Lo que vi en su mirada me intimidó. Oscuridad. Noté un tremendo vacío interior. Ni cánticos, ni una sonrisa. Nada. La nada más absoluta e inquietante. Algo que solo se puede explicar si clavan sus ojos en los tuyos, ahí sientes esa tenebrosidad. Un alma negra que este miércoles recorrió las calles de Madrid.


Pelea entre Ultras Sur y Antidisturbios tras el partido
Al acabar el partido de Champions League entre Real Madrid y Nápoles en el Santiago Bernabéu, se produjeron altercados en las inmediaciones del estadio entre Ultras Sur y la Unidad de Antidisturbios.
El grupo ultra del equipo blanco denunció en Twitter con un vídeo a las fuerzas del orden de atacar sin motivo a un grupo de aficionados, entre los que se encontraban mujeres y niños que salían del partido. 
Los Ultras Sur fueron expulsados oficialmente del Santiago Bernabéu durante la temporada 2013/14, fecha en la que comenzaron a producirse enfrentamientos entre ellos. Desde entonces están vetados en el estadio, aunque en ocasiones hayan conseguido colarse.

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