Como manda la tradición, los ultras italianos e ingleses se dieron ayer a base de bien antes y después del partido Roma-Manchester United, terminado en empate a uno, aunque los dos equipos ya estaban clasificados. El parte médico no estuvo tan equilibrado. Hubo nueve heridos, siete de ellos ingleses y por arma blanca, que acabaron el hospital. Los italianos sólo tenían golpes en la cara. Pero estos energúmenos se toman sus aficiones con tal sentido del deber que siguieron la pelea donde la habían dejado, nada más bajar de la ambulancia, en el servicio de urgencias del hospital Gemelli. Tuvo que volver a ir la Policía a arrestarlos otra vez. La jornada se cerró con cinco detenidos, cuatro de ellos ingleses. Ninguno de los heridos era de gravedad. Se supone que empezaron los ingleses, o así lo cuentan los medios italianos. Llegaron fácilmente a Roma con los vuelos baratos que conectan los dos países. La mayor parte se movió con autobuses escoltados por la Policía, pero iban por libre algunos individuos encapuchados que vagaban por el centro buscando bronca, aunque les bajó bastante los ánimos la prohibición de vender alcohol establecida en la ciudad. Una hora antes del partido, cerca del estadio, lograron encontrar a alguien con quien partirse la cara y eso fue lo que ocurrió. Primero les sacudió la Policía y luego, los ‘tifosi’. En su huida, medio centenar de ‘hooligans’ causaron destrozos en bares de la zona. Pasó lo mismo en marzo, porque también coincidieron ambos equipos en Liga de Campeones. El 7-1 que recibió la Roma no hizo más que dar nuevos argumentos a futuras reyertas.
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