miércoles, 9 de mayo de 2012

«Ni ponemos la tele; todo lo relacionado con el Athletic nos recuerda a Iñigo»

Hay una familia que hoy no verá el partido de Bucarest. Es la misma a la que se le encoge el pecho cuando ve banderas rojiblancas colgando de las ventanas, la que escucha desde lejos los gritos en las calles y los brindis en los bares. «Ni vemos la tele ni nada relacionado con el Athletic... todo nos recuerda a Iñigo». Hablan Manuel Cabacas y Josefina Liceranzu. Hoy, precisamente hoy, hace un mes que su único hijo, de 28 años, murió en el bilbaíno hospital de Basurto. Llevaba más de tres días en coma, después de que un pelotazo de goma de la Ertzaintza le reventase la cabeza cuando, ajeno a cualquier tumulto, festejaba en la calle María López de Haro el triunfo de su equipo frente al Schalke 04.
Desde entonces, los padres de Iñigo Cabacas han sufrido su tormento con una dignidad sobrecogedora. La muerte de 'Pitu' encendió un debate político sin precedentes en torno a la Ertzaintza, que diseña nuevos protocolos y ahora restringe al máximo el uso de las pelotas de goma. Hubo peticiones de dimisión al consejero de Interior, comparecencias parlamentarias, disculpas públicas. También ataques furiosos contra la actuación desmedida de la Policía vasca, y explicaciones del Gobierno vasco que supieron a poco. Josefina y Manuel no entraron en nada de eso. Y se desmarcaron de todos los intentos, que llegaron desde diferentes direcciones, de politizar la muerte de su hijo. Bastante tenían con acostumbrarse a convivir con una habitación vacía y un armario cerrado.
«Y seguiríamos sin decir nada si no fuese por todo lo que ahora están diciendo desde la Ertzaintza», sostiene, dolido, el padre de Iñigo. Se refiere al victimismo que, a su juicio, están intentando transmitir los sindicatos policiales. «Dicen que los agentes están recibiendo ayuda psicológica», como si eso les eximiese de responsabilidad, mientras que «a nosotros ninguna institución ha venido a ofrecernos psicólogos ni nada. Hemos tenido que buscarnos la vida». Josefina y Manuel también reciben este tipo de ayuda -son ellos quienes se la costean- en un intento de curar con tiritas semejante amputación. «Nosotros somos los mártires, no los ertzainas».
«Más indignados cada día»
Los padres de Iñigo, naturalmente, también buscan justicia. Cueste lo que cueste, caiga quien caiga y tarde lo que tarde. Por eso, les ha dolido que el sindicato Erne reclame «celeridad» al juzgado que investiga el caso para zanjar lo antes posible la polémica en torno a la actuación de la Policía vasca. «La investigación debe llevar su curso, ser minuciosa, dar los pasos oportunos». Sin prisas.
Asombra y admira la sensatez de un padre en medio de semejante catástrofe. Pero, naturalmente, hay lugar para la rabia. «A medida que pasan los días estamos más indignados», confiesa Josefina. «No fue un accidente», sentencia. No es que un agente buscase matar a Iñigo, pero, a juicio de sus padres, sí «dispararon a dar», incumpliendo los protocolos que recomiendan guardar cierta distancia -más de 25 metros como mínimo- y disparar a la parte baja del cuerpo. Esto es lo que deberá determinar el Juzgado de Instrucción número 10 de Bilbao, que lleva el caso: si se ha tratado de un accidente o de un homicidio imprudente.
Mientras, hoy juega el Athletic. No son buenas noticias para los padres de Iñigo porque, hoy de manera especial, sentirán su ausencia. «Uno escucha que el Athletic es una religión, que es lo más importante, que lo es todo... No es así».

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