miércoles, 9 de enero de 2013

Egipto sigue siendo un polvorín

El 1 de febrero de 2012 el fútbol se convirtió en arma de guerra. La ciudad egipcia de Port Said celebraba el encuentro entre el local Al Masry y el Al Ahly, pero el marco político-social se antojaba como una bomba de relojería para la contienda, por arrastrar el país las secuelas del derrocamiento un año antes de Hosni Mubarak. Los primeros, precisamente, venían mostrando su incondicional apoyo al régimen disuelto, mientras, los segundos, se alzaban como firmes defensores de la Primavera árabe, que abogaba por la instauración de un sistema democrático que persiguiese el alzamiento de la calidad de vida general. La resaca no pudo degenerar más sobre un terreno de juego, donde perdieron la vida 74 aficionados y cerca de un millar resultaron heridos, haciendo de Port Said el dantesco escenario de una de las mayores tragedias en la historia del fútbol.
Las consecuencias no se hicieron esperar ante la atenta mirada del mundo. Más allá de los 75 acusados por los mortales incidentes, entre ellos funcionarios deportivos y políticos -el 26 de enero saldrá a la luz el fallo de la justicia-, el fútbol egipcio entró en stand by. La competición liguera quedó paralizada, pospuesta hasta en tres ocasiones debido a las multitudinarias protestas, que exigían el retorno de la competición con el exclusivo condicionante de la depuración de responsabilidades. Por de pronto, 75 acusados de asesinato premeditado, posesión ilícita de armas y destrucción de propiedades públicas y privadas. Una vez alcanzado este punto, los ministros de Interior y Deportes, así como el mandatario de la Asociación Egipcia de Fútbol tomaron consensuadamente la decisión de retomar la actividad, prevista para el 1 de febrero de 2013, coincidiendo con el aniversario del desastre. "Todas las instituciones estatales están interesadas en la reanudación de la liga por su impacto positivo en la economía y el sistema deportivo", coincidían.
el campus, campo de batalla Cuando el fútbol parecía encontrar de nuevo aposentos, cuando Egipto iba a dar un paso adelante en el afianzamiento del civismo y la convivencia, a apenas un mes del retorno de la competición, el oscuro pasado volvió al presente. Esta pasada semana se recrudecieron los acontecimientos en Port Said, cuando intercambiaron violencia hinchas del uno y otro equipo, protagonistas de la masacre.
Los enfrentamientos estallaron cuando numerosos estudiantes aficionados del Al Ahly colgaron en las ventanas de sus residencias en el campus universitario de Port Said banderas y pancartas en favor del equipo de El Cairo, el cual, dicho sea de paso, posee 16 títulos internacionales oficiales que le sitúan en el quinto puesto de clubes con mayor número de títulos obtenidos en dicho ámbito a nivel mundial y primero de África. La reacción fue inmediata y las consecuencias, fatales. La ira se enfundó en los seguidores del local Al Masry, quienes cargaron contra las instalaciones estudiantiles, representativas estas, además, del Al Ahly, fundado en sus orígenes como club representativo de un punto de reunión para consejos de estudiantes. El abordaje se sucedió con cócteles molotov, piedras y todo tipo de objetos arrojadizos.
Las fuerzas de seguridad, objeto de la ira del pueblo después de que los días posteriores a la tragedia del 1 de febrero de 2012 cargara contra la ciudadanía manifestante, se vieron obligadas a intervenir, hasta apagar los altercados, que se saldaron con 39 heridos. Esta es la antesala del retorno del fútbol al país, el cual, ahora albergará dudas sobre su recomposición. Por de pronto, los seguidores del Al Ahly, una de las dos facciones involucradas, se oponen a la vuelta de la liga hasta que finalice el juicio abierto. La amenaza está en el aire.
Estampa del 1 de febrero de 2012, cuando en el estadio de la ciudad de Port Said fallecieron 74 personas y casi un millar fueron heridas. Fotos: deia
Mosaico que recuerda a las víctimas de la tragedia de Port Said.
Esta pasada semana hinchas de los clubes protagonistas en la tragedia de Port Said volvieron a enzarzarse
Unas pancartas en el campus universitario desató unos altercados que se saldaron con 39 personas heridas

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