En la tienda de la calle Friggeri entra y sale un rosario de gente. Es el negocio de la familia de Gabriele Sandri, el hincha del Lazio muerto por el disparo de un policía el 11 de noviembre cuando iba a ver jugar a su equipo a Milán. El duelo continúa y el último escaparate que Gabriele montó con ropa infantil permanece intacto ("Así se quedará toda la vida"). Giorgio y Daniela, sus padres, y su hermano Cristiano reparten abrazos con gesto ausente mientras atienden a los clientes. Es casi la hora de cerrar...
"A Gabriele no lo mató la violencia en el fútbol, sino un policía sin escrúpulos". El hermano de Gabriele se queja con amargura: "Un policía no puede permitirse sacar una pistola, mirar, apuntar a un coche que está a cuarenta metros y disparar a un cuerpo. Sólo él sabe por qué lo hizo. La gente quiere colocar a mi hermano en un grupo, en un color político... Eso no tiene interés. Gabriele frecuentaba la Curva (la grada de los aficionados más bulliciosos), como mi padre y yo. En la Curva hay un trozo de la sociedad, y en toda sociedad hay gente que no sabe comportarse, como también ocurre en la Tribuna. Pero no es la Curva un recinto de gente poco fiable, lo poco fiable es la sociedad. Si quieren criminalizarlos, que no vengan a verme".
Para el padre de Gabriele la muerte de su hijo no tuvo que ver con el fútbol aunque fuera causante de una explosión de violencia: "Los altercados que se montaron después tuvieron un motivo. Fueron las autoridades quienes encendieron la mecha. A las nueve horas de la muerte de Gabriele, en los medios se mantuvo la tesis de que al policía se le había escapado el disparo. Y a la mañana siguiente también. Si las instituciones hubieran actuado con lealtad no habría habido los altercados. ¡Tenían que haber parado el campeonato!".
Daniela, que ha buscado en más de una ocasión la trastienda para esconder sus lágrimas, interviene: "¡Los policías no sabían que era tifosi! Iban sin banderas ni camisetas Se ha comparado la muerte del inspector Raciti (fallecido en un Catania-Palermo) con la de mi hijo. No tiene nada que ver".
La pregunta es: ¿puede que por un grupo reducido (los Irreducibile) se tilde de fascista a toda la afición lazial? Cristiano afirma: "Siempre se busca el hecho aislado: es el que llama más la atención. Pero yo he visto cómo se organizan cosas benéficas para orfanatos o para perros sin familia. A eso no se le da publicidad; vende más una pancarta facha que un acto benéfico". Giorgio completa la idea: "Yo conozco a gente de la Curva que es de izquierdas. Pueden ser de derechas o de centro. Y hay gente que no tiene ideales. Eso no tiene nada que ver con la muerte absurda de un chico de 26 años".
La solución.
Las persianas del negocio están a medio cerrar. ¿Cómo podría erradicarse la violencia en el fútbol italiano? Giorgio y Cristiano coinciden: "Poniendo todos de nuestra parte: los tifosi, las autoridades... El calcio debe retornar a ser una sana pasión y basta". Daniela concluye: "Mi familia está desintegrada sin motivo. Gabriele está en cada gota de aire que se respira aquí". Saca su móvil y nos enseña una foto de su hijo: "Mire, aquí con el suo nono (abuelo)". Rompe a llorar y se va... esta vez no vuelve.
"A Gabriele no lo mató la violencia en el fútbol, sino un policía sin escrúpulos". El hermano de Gabriele se queja con amargura: "Un policía no puede permitirse sacar una pistola, mirar, apuntar a un coche que está a cuarenta metros y disparar a un cuerpo. Sólo él sabe por qué lo hizo. La gente quiere colocar a mi hermano en un grupo, en un color político... Eso no tiene interés. Gabriele frecuentaba la Curva (la grada de los aficionados más bulliciosos), como mi padre y yo. En la Curva hay un trozo de la sociedad, y en toda sociedad hay gente que no sabe comportarse, como también ocurre en la Tribuna. Pero no es la Curva un recinto de gente poco fiable, lo poco fiable es la sociedad. Si quieren criminalizarlos, que no vengan a verme".
Para el padre de Gabriele la muerte de su hijo no tuvo que ver con el fútbol aunque fuera causante de una explosión de violencia: "Los altercados que se montaron después tuvieron un motivo. Fueron las autoridades quienes encendieron la mecha. A las nueve horas de la muerte de Gabriele, en los medios se mantuvo la tesis de que al policía se le había escapado el disparo. Y a la mañana siguiente también. Si las instituciones hubieran actuado con lealtad no habría habido los altercados. ¡Tenían que haber parado el campeonato!".
Daniela, que ha buscado en más de una ocasión la trastienda para esconder sus lágrimas, interviene: "¡Los policías no sabían que era tifosi! Iban sin banderas ni camisetas Se ha comparado la muerte del inspector Raciti (fallecido en un Catania-Palermo) con la de mi hijo. No tiene nada que ver".
La pregunta es: ¿puede que por un grupo reducido (los Irreducibile) se tilde de fascista a toda la afición lazial? Cristiano afirma: "Siempre se busca el hecho aislado: es el que llama más la atención. Pero yo he visto cómo se organizan cosas benéficas para orfanatos o para perros sin familia. A eso no se le da publicidad; vende más una pancarta facha que un acto benéfico". Giorgio completa la idea: "Yo conozco a gente de la Curva que es de izquierdas. Pueden ser de derechas o de centro. Y hay gente que no tiene ideales. Eso no tiene nada que ver con la muerte absurda de un chico de 26 años".
La solución.
Las persianas del negocio están a medio cerrar. ¿Cómo podría erradicarse la violencia en el fútbol italiano? Giorgio y Cristiano coinciden: "Poniendo todos de nuestra parte: los tifosi, las autoridades... El calcio debe retornar a ser una sana pasión y basta". Daniela concluye: "Mi familia está desintegrada sin motivo. Gabriele está en cada gota de aire que se respira aquí". Saca su móvil y nos enseña una foto de su hijo: "Mire, aquí con el suo nono (abuelo)". Rompe a llorar y se va... esta vez no vuelve.
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