
Cientos de aficionados invadieron la cancha del Estadio León, quemaron banderas y equipo de sonido, y causaron destrozos, en su furia por la eliminación del León en la Semifinal ante los Indios de Ciudad Juárez.
La turba enardecida intentó ingresar a los vestidores con el objetivo de linchar a los jugadores esmeraldas, pero cadetes del Centro de Formación Policial (Cefopol) los repelieron con gas lacrimógeno. El dispositivo de seguridad montado por la Policía Municipal, fracasó porque se asignó a cadetes y no a policías preventivos en la cancha, que no pudieron contener la invasión. Cuando se escuchó el silbatazo final del partido -con el que el León perdió en el global 2 a 1-, se escuchó una silbatina, y los reclamos, y el grito de “¡fuera!, ¡fuera!”, gritaba la afición y a los jugadores los despidieron aventándoles de todo, vasos, cerveza, bolas de hielo y hasta tortas. Cinco minutos después, decenas de aficionados encolerizados derribaron la malla ciclónica de la Puerta 5, y se brincaron al campo. “Sobre de ellos”, se escuchó un grito desde la tribuna, y entonces los hinchas emprendieron la destrucción, en medio de riñas en las tribunas, entre ellos de las barras Pasión 44, Ultra Verde y Los de Arriba, aunque éstos enviaron un breve comunicado para deslindarse. Ocho detenidos y un lesionado, fue el resultado de la jornada violenta de ayer, según informó la Secretaría de Seguridad Pública Municipal. Entre los desmanes, prendieron fuego a dos bocinas, incineraron banderas, destrozaron la red de una de las porterías y dañaron una de las bancas de los equipos, así como anuncios de publicidad estática. “¡Mediocres!, ¡Mediocres!, no sirven para nada”, decía enojado a gritos Francisco Luna, uno de los que saltó a la cancha con un tubo de metal. “Vamos a las oficinas, a las oficinas, por ahí van a salir, vamos a descontarlos”, repetía furioso uno de los aficionados que destrozó el alambrado. “Ahí están los resultados de Pegaso, siempre es lo mismo”, decía uno. En unos 10 minutos, cerca de las 2 de la tarde, eran alrededor de unos 500 aficionados los que ya se habían apoderado de la cancha, y sólo 22 cadetes resguardaban el túnel de los vestidores. El helicóptero de la Policía Municipal hacía patrullaje aéreo, pero abajo en el estadio, todo era un desorden. Los aficionados del León en las gradas, peleaban entre sí, porque no hubo porra del visitante. Un grupo golpeó a un joven conocido como ‘El Güero’, y entre varios lo agarraron a patadas, y a tubazos en el cuerpo.
‘Otro año en Segunda’, decía llorando Héctor Mejía, hincado en el césped, derrotado. Pero en medio del caos se escuchó el grito de “¡Leeeeeeón!”, “¡Leeeeeeeón!”, y algunos aficionados aún atónitos por la derrota, ondeaban las banderas. Para ahuyentar a los aficionados, los cadetes del Cepofol lanzaron gas lacrimógeno. Según informó la Secretaría de Seguridad Pública, se destinaron para el resguardo interno y externo del estadio a 180 elementos de la Policía Municipal, 50 de ellos del Cefopol. Pero sólo 22 cadetes, estaban en la cancha, según contó a.m. Esta vez, no se empleó a elementos de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado, como se ha hecho en otras liguillas. “Ya tranquilos, tranquilos, no se vale que hagan eso, ya perdimos”, les decía desesperada Lorena Domínguez, entre lágrimas, pero no le hacían caso. Una mujer con su bebé en brazos, corría entre las gradas para salir rápido del estadio. Dos aficionados del León, se liaban a golpes en la zona de preferente y unos amenazaban con querer quemar la megabandera. “Para nosotros no hay éxito o fracaso en esto. Nuestro operativo fue eficiente, en donde se interviene y se reacciona, el objetivo fue resguardar la integridad de las personas. “Lamentamos la actitud de la afición, de ninguna manera minimizamos el asunto, la pasión se desbordó y en ese momento puede ocurrir cualquier cosa”, declaró el secretario de Seguridad Pública, Álvar Cabeza de Vaca, a través de la directora de comunicación social, Susana Velasco. Dentro del estadio, fueron detenidos dos aficionados por los daños ocasionados, y afuera por riña se aprehendió a seis. Cerca de las 2:15 de la tarde, más policías de la Montada y en patrullas, arribaron al inmueble para reforzar la vigilancia en las oficinas. De acuerdo con la Policía, el hombre lesionado, resultó así de una caída en las gradas. Los detenidos fueron trasladados hasta Cepol Norte, y hasta la tarde de ayer permanecían ahí, después de que la directiva presentó una demanda por los daños. La historia se repitió otra vez con la eliminación del León. La furia pudo más...La afición estalló en cólera. Fue el llanto y la ira de quienes se quedaron con el grito del gol ahogado en la garganta. Sólo con gas lacrimógeno los cadetes del Cefopol pudieron detener a decenas de aficionados que querían golpear a sus ídolos. Otra vez el León quedó desdentado y aniquilado en su cancha, y el coraje contenido de seis años de lo mismo, de seis años de la historia repetida, de quedarse en la raya. El enmallado de la tribuna de la Puerta 5 fue derribado por decenas de hinchas furiosos por la eliminación y saltaron al césped. Después, bocinas del sonido local ardían en llamas y otras se las habían robado. “Que no se nos vayan vivos”, decía Francisco Durán, un aficionado que descamisado y con la bandera del León como capa, incitaba a invadir la cancha. Pero las amenazas no eran para los jugadores de Indios, si no para sus jugadores.
Pertrechados para custodiar el túnel de vestidores los cadetes de Cefopol aguantaban golpes y lluvia de proyectiles.
“No Dios mío ¿por qué nos pasó esto?, otra vez nos pasó lo mismo”, se reclamaba Inés Estrada, de 24 años, a quien las lágrimas le corrían en el rostro. En una de las porterías quedó una bocina prendida en fuego, y a uno de los aficionados lo correteaban para golpearlo con tubos.
“Arrasen con todo”, gritaba Saúl Linares, de 35 años, con el rostro pintado con verde, y destrozaba una bandera a tirones.
Pero otros aficionados, permanecían en las gradas estáticos, y no daban crédito de lo sucedido, era un mal sueño, el superlíder del torneo, moría en su cancha. Faltaban 10 minutos para que concluyera el encuentro y el León no pasaba por la muralla defensiva que colocaron Los Indios. Por instantes, había un silencio sepulcral.
“Ya valió madres”, decía Esperanza Murguía, de la colonia Anaya, secándose las lágrimas.
Era el caos, los policías buscaban a responsables de los daños, que tenían en las patrullas, pero el dolor de la pérdida sabía a eso, a otro año abajo. Después todo fue un desorden. “Están vendidos”, decía un sujeto que tiraba su trompeta a la calle, toda desecha.
Una bandera ardía en llamas y los cadetes, aguantaban a pie firme, las decenas de aficionados que querían golpear a sus ídolos.
Se repetía otra vez de la pesadilla. Pero ahora, el enojo de su afición se desbordó.
Guadalupe Becerra Los policías buscaban contener a la turba con bombas lacrimógenas. Gustavo Becerra
Un aficionado intentó calmar los ánimos de las porras que habían ingresado a la cancha a causar destrozos, y a cambio se llevó una paliza.
Gustavo Becerra Fue fácil para los aficionados brincar al terreno de juego, primero subiéndose a la malla y luego derribándola.
Guadalupe Becerra La portería que da a la tribuna de Sol Puerta 5 sirvió como escaparate para que los aficionados mostraran su enfado.
Guadalupe Becerra Los aficionados atacaron en serio al cuerpo de Policía que intentaba resguardar el túnel de acceso hacia el vestidor del equipo León.
La turba enardecida intentó ingresar a los vestidores con el objetivo de linchar a los jugadores esmeraldas, pero cadetes del Centro de Formación Policial (Cefopol) los repelieron con gas lacrimógeno. El dispositivo de seguridad montado por la Policía Municipal, fracasó porque se asignó a cadetes y no a policías preventivos en la cancha, que no pudieron contener la invasión. Cuando se escuchó el silbatazo final del partido -con el que el León perdió en el global 2 a 1-, se escuchó una silbatina, y los reclamos, y el grito de “¡fuera!, ¡fuera!”, gritaba la afición y a los jugadores los despidieron aventándoles de todo, vasos, cerveza, bolas de hielo y hasta tortas. Cinco minutos después, decenas de aficionados encolerizados derribaron la malla ciclónica de la Puerta 5, y se brincaron al campo. “Sobre de ellos”, se escuchó un grito desde la tribuna, y entonces los hinchas emprendieron la destrucción, en medio de riñas en las tribunas, entre ellos de las barras Pasión 44, Ultra Verde y Los de Arriba, aunque éstos enviaron un breve comunicado para deslindarse. Ocho detenidos y un lesionado, fue el resultado de la jornada violenta de ayer, según informó la Secretaría de Seguridad Pública Municipal. Entre los desmanes, prendieron fuego a dos bocinas, incineraron banderas, destrozaron la red de una de las porterías y dañaron una de las bancas de los equipos, así como anuncios de publicidad estática. “¡Mediocres!, ¡Mediocres!, no sirven para nada”, decía enojado a gritos Francisco Luna, uno de los que saltó a la cancha con un tubo de metal. “Vamos a las oficinas, a las oficinas, por ahí van a salir, vamos a descontarlos”, repetía furioso uno de los aficionados que destrozó el alambrado. “Ahí están los resultados de Pegaso, siempre es lo mismo”, decía uno. En unos 10 minutos, cerca de las 2 de la tarde, eran alrededor de unos 500 aficionados los que ya se habían apoderado de la cancha, y sólo 22 cadetes resguardaban el túnel de los vestidores. El helicóptero de la Policía Municipal hacía patrullaje aéreo, pero abajo en el estadio, todo era un desorden. Los aficionados del León en las gradas, peleaban entre sí, porque no hubo porra del visitante. Un grupo golpeó a un joven conocido como ‘El Güero’, y entre varios lo agarraron a patadas, y a tubazos en el cuerpo.
‘Otro año en Segunda’, decía llorando Héctor Mejía, hincado en el césped, derrotado. Pero en medio del caos se escuchó el grito de “¡Leeeeeeón!”, “¡Leeeeeeeón!”, y algunos aficionados aún atónitos por la derrota, ondeaban las banderas. Para ahuyentar a los aficionados, los cadetes del Cepofol lanzaron gas lacrimógeno. Según informó la Secretaría de Seguridad Pública, se destinaron para el resguardo interno y externo del estadio a 180 elementos de la Policía Municipal, 50 de ellos del Cefopol. Pero sólo 22 cadetes, estaban en la cancha, según contó a.m. Esta vez, no se empleó a elementos de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado, como se ha hecho en otras liguillas. “Ya tranquilos, tranquilos, no se vale que hagan eso, ya perdimos”, les decía desesperada Lorena Domínguez, entre lágrimas, pero no le hacían caso. Una mujer con su bebé en brazos, corría entre las gradas para salir rápido del estadio. Dos aficionados del León, se liaban a golpes en la zona de preferente y unos amenazaban con querer quemar la megabandera. “Para nosotros no hay éxito o fracaso en esto. Nuestro operativo fue eficiente, en donde se interviene y se reacciona, el objetivo fue resguardar la integridad de las personas. “Lamentamos la actitud de la afición, de ninguna manera minimizamos el asunto, la pasión se desbordó y en ese momento puede ocurrir cualquier cosa”, declaró el secretario de Seguridad Pública, Álvar Cabeza de Vaca, a través de la directora de comunicación social, Susana Velasco. Dentro del estadio, fueron detenidos dos aficionados por los daños ocasionados, y afuera por riña se aprehendió a seis. Cerca de las 2:15 de la tarde, más policías de la Montada y en patrullas, arribaron al inmueble para reforzar la vigilancia en las oficinas. De acuerdo con la Policía, el hombre lesionado, resultó así de una caída en las gradas. Los detenidos fueron trasladados hasta Cepol Norte, y hasta la tarde de ayer permanecían ahí, después de que la directiva presentó una demanda por los daños. La historia se repitió otra vez con la eliminación del León. La furia pudo más...La afición estalló en cólera. Fue el llanto y la ira de quienes se quedaron con el grito del gol ahogado en la garganta. Sólo con gas lacrimógeno los cadetes del Cefopol pudieron detener a decenas de aficionados que querían golpear a sus ídolos. Otra vez el León quedó desdentado y aniquilado en su cancha, y el coraje contenido de seis años de lo mismo, de seis años de la historia repetida, de quedarse en la raya. El enmallado de la tribuna de la Puerta 5 fue derribado por decenas de hinchas furiosos por la eliminación y saltaron al césped. Después, bocinas del sonido local ardían en llamas y otras se las habían robado. “Que no se nos vayan vivos”, decía Francisco Durán, un aficionado que descamisado y con la bandera del León como capa, incitaba a invadir la cancha. Pero las amenazas no eran para los jugadores de Indios, si no para sus jugadores.
Pertrechados para custodiar el túnel de vestidores los cadetes de Cefopol aguantaban golpes y lluvia de proyectiles.
“No Dios mío ¿por qué nos pasó esto?, otra vez nos pasó lo mismo”, se reclamaba Inés Estrada, de 24 años, a quien las lágrimas le corrían en el rostro. En una de las porterías quedó una bocina prendida en fuego, y a uno de los aficionados lo correteaban para golpearlo con tubos.
“Arrasen con todo”, gritaba Saúl Linares, de 35 años, con el rostro pintado con verde, y destrozaba una bandera a tirones.
Pero otros aficionados, permanecían en las gradas estáticos, y no daban crédito de lo sucedido, era un mal sueño, el superlíder del torneo, moría en su cancha. Faltaban 10 minutos para que concluyera el encuentro y el León no pasaba por la muralla defensiva que colocaron Los Indios. Por instantes, había un silencio sepulcral.
“Ya valió madres”, decía Esperanza Murguía, de la colonia Anaya, secándose las lágrimas.
Era el caos, los policías buscaban a responsables de los daños, que tenían en las patrullas, pero el dolor de la pérdida sabía a eso, a otro año abajo. Después todo fue un desorden. “Están vendidos”, decía un sujeto que tiraba su trompeta a la calle, toda desecha.
Una bandera ardía en llamas y los cadetes, aguantaban a pie firme, las decenas de aficionados que querían golpear a sus ídolos.
Se repetía otra vez de la pesadilla. Pero ahora, el enojo de su afición se desbordó.
Guadalupe Becerra Los policías buscaban contener a la turba con bombas lacrimógenas. Gustavo Becerra
Un aficionado intentó calmar los ánimos de las porras que habían ingresado a la cancha a causar destrozos, y a cambio se llevó una paliza.
Gustavo Becerra Fue fácil para los aficionados brincar al terreno de juego, primero subiéndose a la malla y luego derribándola.
Guadalupe Becerra La portería que da a la tribuna de Sol Puerta 5 sirvió como escaparate para que los aficionados mostraran su enfado.
Guadalupe Becerra Los aficionados atacaron en serio al cuerpo de Policía que intentaba resguardar el túnel de acceso hacia el vestidor del equipo León.
No hay comentarios:
Publicar un comentario