Lluvia amarga, bufandas y vítores despidieron al hincha de la Lazio en una triste mañana que Roma vivió de lutoRoma despidió ayer con una fina lluvia y una emotiva ceremonia a Gabriele Sandri, el seguidor de la Lazio muerto en la mañana del pasado domingo en un área de servicio de la autopista, en Arezzo, por el disparo, ¿accidental?, de un policía.Más de dos mil personas se dieron cita en la iglesia San Pio X, en el barrio romano de Balduina, y rompieron en una larga y sentida ovación cuando llegó el ataud con los restos del joven aficionado, al que despidieron no sólo sus amigos y familiares, sino la plantilla de la Lazio al completo, hinchas llegados desde Milán, Génova o Livorno, el alcalde de Roma Walter Veltroni, el Ministro de Infraestructura Antonio Di Pietro, representantes del CONI y de la federación italiana de fútbol. Dos mil eran las personas congregadas en el interior del templo; a las puertas se contaban no menos de otros tres mil, en una triste mañana que escenificó el pesar de la Italia futbolística y, también, un profundo deseo de pasar página y acabar, de una vez, con esta lacra que la amenaza.El alcalde romano se significó como improvisado portavoz de las autoridades y se fundió en un sentido abrazo con los padres y el hermano de Sandri. También lo hizo, visiblemente emocionado, el capitán de la Roma, Totti, que acudió acompañado por el entrenador de su equipo, Lucio Spalletti. El párroco Paolo Tammi, en una sentida prédica, exhortó a “todos” los aficionados “sin excepción” a renunciar a la violencia. “Existe, sin duda, algo enfermo en el fútbol, pero para Gabriele era un trozo de vida. El no era violento, sino suave y pacífico” afirmó el clérigo.Hasta pocos minutos antes del multitudinario funeral, muchos aficionados anónimos y representantes de diversos colectivos tuvieron la ocasión de rendirle un último tributo a Sandri en la capilla ardiente, de la misma forma que en los tres últimos días el negocio familiar en Roma (una tienda de ropa) fue lugar de peregrinación de millares de personas.Ya antes de la ceremonia, el Ministro del Interior Giuliano Amato, pidió “calma” a todo el mundo. Ya por la mañana el político advirtió que, a diferencia del pasado domingo, no se tenía ninguna intención de consentir nuevos desordenes callejeros tras el entierro y que de producirse éstos, la policía no se limiraría a calmar la situación como entonces.Y mientras, a la vez que la familia de Sandri seguía implorando justicia, cuando a las puertas de la iglesia se escuchaban ovaciones cerradas y generalizadas al paso del ataud o millares de aficionados de toda Italia (ultras o no) le dedicaban un sentido homenaje en silencio, los futbolistas profesionales, como un resorte a pesar de no haber convocado ninguna clase de manifestación conjunta, mostraron de manera unánime su rechazo frontal a la ola de violencia que amenaza con volver a tomar Italia tras este suceso.‘No queremos criminales en los estadios’ advirtió al completo la plantilla del Atalanta en una carta abierta a los fanáticos del club de Bérgamo, que el pasado domingo forzaron la suspensión del partido ante el Milan y pueden provocar al club un perjuicio deportivo muy importante. Ya lo había advertido Kaká un día antes (“las estrellas se irán de Italia si esto sigue así”) y al clamor se sumó Cannavaro: “Hagan algo de inmediato o acabarán con el fútbol”. El capitán de la selección, sin embargo, reconoció cierto sentimiento de culpa al reconocer que “existe excesiva camaradería con algunos aficionados violentos por parte nuestra”, si bien advirtió que este suceso “debe significar un punto y final en esta terrible historia”.La próxima semana se esperan nuevas reacciones de los futbolistas. La diáspora por los partidos de selecciones han vaciado los vestuarios, pero a su regreso, se espera que desde Milán o Udine y hasta Nápoles o Lecce las plantillas de los clubs lancen una seria advertencia a los aficionados instándoles a cesar la violencia. Esta vez todo estalló por una trágica ¿equivocación? en un área de servicio de la autopista. Gabriele Sandri se ha convertido en la última víctima inocente de un deporte entorno al cual la violencia ha encontrado su razón de ser. Ayer, las mojadas calles de Roma eran el testimonio mudo del clamor popular por el suceso... Y, también, de los lloros por una muerte estúpida.
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